Caso 01 · 2014–2021 · Vivienda e inmobiliario en el sur de Chile
Cuando el avance físico no era confiable, la caja empezaba a financiar el desorden.
En proyectos habitacionales DS19, DS49 e inmobiliarios privados, con plazos de ejecución de 18 a 24 meses, el avance físico informado no siempre representaba con precisión lo realmente ejecutado. Esa brecha no era un detalle técnico: afectaba la proyección de ingresos, distorsionaba estados de pago y podía hacer que una obra dejara de autofinanciarse.
Cuando eso ocurría, el proyecto presionaba el flujo de efectivo semanal. En la práctica, algunas obras requerían préstamos internos desde otros centros de costo o financiamiento de corto plazo para cubrir necesidades operativas. El costo financiero subía y la gerencia recibía una lectura tardía de un problema que se había incubado en terreno.
Como controller financiero, preparaba reportes para gerencia revisando materiales, subcontratos, recursos humanos, maquinaria, gastos generales, herramientas, estados de pago, cuentas por cobrar, deuda, flujo de caja y compras pendientes. Pero el trabajo relevante no era solo reunir información. Era hacer que esas variables conversaran con la producción real de cada proyecto.
La mejora vino de conectar tres capas que antes tendían a revisarse por separado: avance físico, avance financiero y flujo de caja. El control dejó de ser únicamente financiero. Había que validar si la producción era real, si estaba respaldada por avance ejecutado y si permitía sostener la caja de la obra.
En ese proceso también apareció un hallazgo importante: algunos subcontratos informaban una producción mayor que el avance físico declarado. Parte del problema estaba en el corte mensual. El cierre de producción se hacía el último viernes del mes, y algunos contratistas proyectaban avance hasta el último día aunque ese trabajo todavía no estuviera ejecutado. El resultado era una falsa sensación de cumplimiento.
Reforzamos la validación cruzada entre producción, estados de pago, avance físico y costos por partida. El objetivo era evitar pagos duplicados, reducir reprocesos productivos y asegurar que cada costo operativo tuviera respaldo en la obra y también en los estados financieros.
La gerencia obtuvo una lectura más confiable de ingresos, gastos generales y presión de caja por proyecto. El foco estratégico fue proteger el margen operacional para permitir la continuidad de nuevas etapas, reducir préstamos internos entre centros de costo y mejorar la capacidad de que cada obra sostuviera su operación con mayor independencia.